Progreso y democracia ¡vaya desencanto!

Bajo el paraguas de la democracia todo se presenta como maravilloso. Yo era un convencido demócrata; tanto partido y diputado los entendía como necesarios en una labor de control al Gobierno; el tiempo me demostró que de controlar, nada (al menos el control que yo deseaba). A pesar de todo no renuncié a mis creencias; busqué una justificación para unos Parlamentos tan colosales, arquitectónica y humanamente, y a mi modo la encontré. Cualquier opción de gobierno seria debe conocer el Estado perfectamente, y no hay mejor forma que desde organismos e instituciones empaparse de los datos y conocimientos necesarios. Esa idea la convirtió en peregrina el PP cuando afirma su desconocimiento desde la oposición de la realidad económica de España; realidad que asumió al formar Gobierno. Hasta aquí ya destrozaron mi trama de pensamiento, pero no queda así la cosa; la televisión, como medio más próximo me tiene ya hinchadas las pelotas, elogiando las reformas hechas por el Gobierno al tiempo que defienden seguir aplicando nuevas. Pues bien, si como dicen las reformas hechas están dando sus frutos y estamos en el buen camino; digo yo o me pregunto yo, estando en el camino correcto para qué andan buscando senderos nuevos. Sin dar explicaciones profundas siempre nos vendieron la necesidad de abordar cambios estructurales para salir de la crisis; al día de hoy yo no he visto ninguno, más allá de recortes que no cambiaron ninguna forma de hacer, simplemente se dejaron de hacer muchas cosas; que por supuesto, redundaron en perjuicio de los más desfavorecidos.

Con los años ya me estoy volviendo hasta incívico,  cansé de retornar a casa sin dinero pero con papeles de la categoría la basura, tiques varios, de grandes superficies, autopistas, etc., grabados con el IVA, pero sin la validez de factura; por tanto hechas las comprobaciones que estime, no pierdo el tiempo y por la ventanilla les dejo los papeles (el que coge el dinero que recoja la basura). La falta de civismo quizás me haya venido con los años, y el ser pejiguero sea de siempre, lo cierto es que la cabeza la siento abotargada entre la televisión y la mujer que continuamente machaca como un martillo con personalidad. La condición femenina a veces resulta insufrible; tengo un amigo de Sograndio que contrató una empleada extranjera, no sabía ni una palabra, se ayudaba de diccionario.  De tantas palabras como tiene el libro ese, la primera que aprendió es “por qué”.  ¡Pobre amigo!

La investigación y desarrollo tampoco dejan de presentarse como estupendos. Es jactancia generalizada que vivimos una época de grandes innovaciones tecnológicas y de gran desarrollo. No seré yo quien cuestione semejante afirmación; sólo voy a aportar un dato como pudieran ser otros muchos. Acaba de finalizar una nueva edición de la Vuelta España de ciclismo, en la que se rodaron 3240 km, en 21 etapas, con bicicletas de materiales ligeros, masajistas, avituallamientos, alimentación especial con abastecimiento y asistencia permanente durante las etapas; frente a eso en la primera edición del año 1935 , se rodaron 3425 km, en 14 etapas, bicicletas de hierro y llevando los propios corredores los parches; no hace falta decir que la superficie de rodadura ofrecía otra dificultad añadida. La técnica mejoró, pero la naturaleza humana parece que lleva una dirección opuesta. Tampoco voy decir que sea cosa preocupante, si no podemos con los pantalones de pana, tenemos la opción de usar bermudas con tejidos ligeros, o incluso como sugeriría Borja, doblar la dosis de yogur.
En materia de investigación se invierte más dinero en estética y vigorizantes sexuales que en el Alzheimer.  Habrá quien, en buena lógica, piense que es un despilfarro; y otros, en  cambio, les parezca que la inversión es insuficiente; pues con los recursos existentes y la línea de investigación abierta no se resuelve el problema que llegada la senilidad con miembros duros y erectos, y pechos turgentes e incluso desafiantes, nadie sabrá como usarlos. Con una dotación más abundante la ciencia encontraría la solución; no voy confiar en que se  pueda alcanzar la inmortalidad, pero sería de conformarse el morir de viejos y follando.
Esto del progreso da mucho que hablar; recuerdo cuando surgió lo de la inseminación artificial y mi abuela decía “muchos adelantos pero como lo antiguo no hay nada. Donde esté un paisano bien armado que se quite todo”. En realidad y en esencia no ha  cambiado nada desde los más remotos tiempos; el trabajador ha de trabajar para comer y los dirigentes  hacen guerras y firman Tratados de paz. Se sigue haciendo lo mismo aunque cambien un poco las formas; los apareamientos son iguales a los veinte que a los sesenta, pudiendo disfrazar las nuevas posturas y  la menor frecuencia en una depurada técnica, para esconder un ajuste a las circunstancias.
A propósito, acabo de “azotar la tele al cucheru”. Unos periodistas, privilegiados por cuanto disfrutan de nómina, licenciados en un mundo que dicen avanzado y civilizado, de forma grandilocuente informan que los Embajadores ruso y ucraniano se van a reunir para negociar la paz. Es decir, ni los licenciados de hoy día tienen asumido que la paz es innegociable, la causa y el fin de la diplomacia es la paz. Cuando empiezan a hablar las armas, los diplomáticos no merecen  respeto ni consideración.
Ahora no puedo seguir escribiendo, la mujer me está machacando la cabeza por tirar la tele, grita “animal, ahora vas contaminar las patatas”. Y tendrá razón.

I. P.

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