Tocata y fuga de Francisco Álvarez-Cascos (y III)

El beso de la rendición incondicional de Cristina Coto a Mercedes Fernández
Sin reunión, sin pacto, sin programa, sin contrapartidas; es el beso de la “rendición incondicional”

Por Juan Vega

Despedida y cierre de Foro: Operación Retorno al PP

El pasado 28 de enero, la Comisión Directiva de Foro, acordó, a propuesta de Francisco Álvarez-Cascos, que el II Congreso de Foro se celebraría en Gijón el día 14 de marzo. Quedaba así convocado el esperado congreso regional que por fin habría de normalizar nuestra vida interna, en lo que algunos confiábamos que podría ser el pórtico de una nueva etapa para nuestra opción política en Asturias.

Esas semanas se convirtieron en un infierno, pues creía todavía, ¡cándido de mí!, que a pesar de la acumulación de errores achacables a las decisiones del presidente y verdadero fundador del partido, se acercaba el momento de convertirnos en lo que siempre habíamos preconizado, cuando de repente me encontré con una serie de acontecimientos para mí totalmente inesperados, y en los que me vi envuelto muy a mi pesar, después de la terrible experiencia del congreso de Oviedo, que aún no había enseñado su verdadera cara.

Con aquel congreso esperábamos que se culminaría un largo y accidentado proceso de elecciones primarias, que había sido ampliamente demandado por los afiliados, y que se celebraba con un enorme retraso, lo que prolongó de manera deliberada el régimen constituyente del partido, con grave detrimento de su vida democrática interna, algo que había generado una amplia contestación. Eran muchos ya, los que en las redes sociales criticaban el retraso de esos congresos, y la presión del PP subía sobre los afiliados más proclives al “centroderecha”, con creciente inquietud de los que nunca nos sentimos identificados con esa opción política.

Cascos nos comunicó individualmente el inicio de la jugada

Para la celebración de ese congreso que habría de tener lugar en Gijón, en el que se elegiría presidente del partido y candidato a la presidencia del Principado, se estableció un calendario que contemplaba un plazo para la presentación de Candidaturas que terminaba el 21 febrero, proclamándose los candidatos el 26.

Nada hacía presagiar -al menos para mí- la maniobra que se iba producir, y cuando de repente se nos comunicó en grupo el inicio de su última y más sucia jugada, disfrazando de generosa “renuncia” lo que no iba a ser sino una grotesca pantomima producto de un egotismo patológico, sólo estábamos en el secreto, desde que nos comunicó la jugada personalmente, los miembros de la dirección, cargos institucionales y personajes relevantes en la vida de Foro, que fuimos llamados, uno por uno, a una reunión personal con Cascos, en la que éste nos fue comunicando su decisión de no presentarse como candidato.

Reconozco que cuando me lo dijo me quedé de piedra. Le trasladé mi desacuerdo total con su decisión, junto con mi opinión de que aquello no iba a colar, que es lo que me limité a decirle, primero en privado, y luego en público, pues la decepción fue enorme, dado que para mí, lo que debía ser el principio de algo, se convertía en trágico final, en un auténtico desastre que no por evidente, fue menos traumático para quienes a pesar de sus clamorosos errores, habíamos permanecido fieles al liderazgo de Cascos, aferrados a la esperanza de que nuestra rebelión cívica podría culminarse con la creación de un partido político regeneracionista.

Lo contó en una reunión informal para que se filtrase

Catorce días después de la convocatoria del congreso, cuando ya no quedaba margen de maniobra alguno para que nadie pudiese torcer sus designios, el miércoles 11 de febrero, horas después de que me comunicase su decisión, y cuando ya restaban sólo diez dias para la presentación de candidaturas y la recogida de avales, Cascos hizo pública en una reunión informal de los miembros de la Comisión Directiva, la decisión de no optar a la reelección como presidente y como cabeza de lista del partido.

Igual que hice cuando consultó con los consejeros y los viceconsejeros su decisión de dejar el Gobierno, tres años atrás, le dije allí, en aquella reunión informal, que no veía posible su relevo, que íbamos a culminar un desastre que evidentemente nos echaría en brazos del PP, dada la procedencia de la mayoría de los dirigentes, por la pérdida de un liderazgo que no tenía sustitución posible en aquel momento. Para mí era ya evidente que la jugada era non sancta.

El sentido de aquella reunión, y su carácter informal, aseguraban que a la salida la noticia correría como la pólvora. En vez de hablar de lo que importaba, lo infumable de la decisión, todo el mundo se pondría a especular, como así sucedió, sobre quién o quiénes habían sido los “malvados” que filtraron una noticia que se había fabricado expresamente como filtración. Su reconocida habilidad política se aplicaba de manera cada vez más perversa.

“¡Respeto!”, me dijo la Coto

Cuando le pregunté a Cristina Coto, sentada a mi lado, en aquella encerrona, por qué ella no decía nada, cosa que me asombró porque me parecía hasta poco considerado hacia él -Cascos abandonaba la presidencia del partido y no tenía nada que decir-, me contestó, muy seria, muy actriz, con una palabra que me puso los pelos de punta: “¡respeto!”, me dijo, y se puso muy seria como si me estuviese diciendo algo muy profundo. Fue en ese momento cuando comprendía la jugada completa.

“¡Qué respeto, ni qué niño muerto!, ¡de qué va ésta!”, pensé; aquello era el final. Iba a ser ella la elegida, lo sabía, estaba perfectamente preparada para asumir lo que su ego le impedía ver como una trampa mortal, convirtiéndose en un puente evidente de la Operación Retorno al PP, como la presidenta situada “a dedo” con aquella sucia operación de la que iba a ser la protagonista. Y todo se hacía a sabiendas de que si se hubiese iniciado un procedimiento democrático de sucesión, los afiliados habrían optado siempre por Carmen Moriyón o Fernando Couto, dos políticos de éxito, queridos y respetados en el partido, que nada tenían que ver con el PP.

Desde aquel momento ya no me quedaba ninguna duda del destino que había trazado quien dos años antes me dijo, delante de la propia Cristina y otros dos dirigentes del partido, en una reunión solemne, que su relevo debería conducir, inevitablemente a la elección de un presidente sin vínculos con el PP, porque ésa era la única posibilidad de que Foro sobreviviese, dado el tremendo daño que nos estaban haciendo los vínculos personales de Cascos con Génova y su papel protagonista en el escándalo de los sobresueldos de los dirigentes populares y el uso indecente de las donaciones que afloraron en el Caso Bárcenas.

Radiografía del golpe de estado del II Congreso de Foro

La pantomima se organizó a toda velocidad: al día siguiente, jueves, se celebró una reunión de los cómicamente denominados “fundadores” -lo de los “padres fundadores” de Foro es de traca, como si fueran ellos los que lo “fundaron”-, el viernes otra reunión clave de los diputados del Grupo Parlamentario que era el único fiel al régimen, y el sábado 14 fueron convocados los alcaldes. En estas reuniones se trasladó a las “fuerzas vivas” de Foro que la candidata sería la portavoz parlamentaria Cristina Coto, una imposición antidemocrática, un golpe de estado interno, que para la farsa se escenificó como una propuesta de los diputados que se hizo tragar a los alcaldes como una dosis inopinada de aceite de ricino.

Aquel sábado, mientras los alcaldes estaban reunidos en la sede de Siero, me citó para que le acompañase en el antiguo restaurante La revuelta del coche, Siero, donde por primera vez me confirmó personalmente lo que ya sabíamos todos -que había decidido hacer presidenta a Coto como algo que no merecía ni dos palabras-, mientras esperaba el resultado de una imposible misión encomendada a los diputados Pelayo Roces y José Antonio Rodríguez Coto: convencer a los alcaldes de que aceptasen de grado aquella infumable decisión que todos nos veríamos obligados a tragar, porque negarse conduciría a una catástrofe inevitable, que a la postre se produciría de todas formas, y todo ello a las puertas de unas elecciones.

Terrible recuerdo. No sé muy bien para qué me llevó allí, aunque estoy seguro de que intuía que podía romper en cualquier momento y quería tenerme a mano. La reunión de Roces y Coto con los alcaldes en la sede debió ser muy dura y no se comieron la píldora en un primer momento, pues de hecho se produjo el único conato de rebelión serio que se vivió en todo este proceso, puesto que les citó en aquel restaurante y le dejaron plantado. Tampoco estaban todos de acuerdo, y probablemente, para Carmen Moriyón era imposible ceder a Couto en aquel momento, con el que contaba para presidir Gijón y para su propia lista local, como para que éste accediese a la pretensión de varios de ellos que adoptaron su opción ante el golpe con el que se encontraron.

El plantón de la Revuelta del Coche

Al día siguiente, el domingo 15 de febrero se hicieron públicas por primera vez, de manera soterrada, las tensiones que se produjeron en la reunión entre los alcaldes y los legados de Cascos que se materializó en el plantón de La revuelta del Coche. Los alcaldes aparecían así divididos, respaldando la mayoría a Couto, porque se resistían a aceptar que el II Congreso, como yo intuía, se convirtiese en una mascarada organizada por Cascos para convertir a Cristina en una marioneta que haría y desharía bajo su dirección, mientras el partido se entregaba con armas y bagajes al PP, para mantener la estructura bajo su control personal en el proceso de rendición -lo que explica también su bárbara actuación en Oviedo donde probablemente se veía manejando la llave del Gobierno-, librándose él, eso sí, de lo que ya todos los que tenían dos dedos de frente, consideraban una catástrofe electoral inevitable.

El miercoles 18 de febrero organizaron un nuevo capítulo de la mascarada, y Cascos, tras filtrar el nombre de Cristina en el guirigay organizado con los alcaldes en La revuelta del Coche, después de haber filtrado su propia renuncia con la “reunión informal”, aceptó ser secretario general “a propuesta de Coto“, en lo que ya era una tomadura de pelo que a nadie engañaba.

Cascos se iba pero se quedaba, renunciaba “generosamente” pero seguía teniendo todo el control. Así, la Presidencia del Partido dejaba de ser el eje sobre el que pivotaba la autoridad partidaria, manteniendo, eso sí, lo que él no quería: la obligación de encabezar la lista, con lo que la tiraba a ella a los tiburones de la catástrofe electoral, para trasladar todo el poder efectivo a la Secretaría General, que hasta ese momento había sido una secretaría particular del presidente, para que de esa forma él siguiese mandando y controlándolo todo, pero sin tener que soportar las consecuencias del desastre que él mismo había iniciado con su decisión de disolver el Gobierno tres años atrás.

Cristina Coto nueva presidente de Foro: se consuma la Operación Retorno

El 23 de febrero Cristina fue proclamada única candidata sin posibilidad real de que hubiera alternativa alguna, y el 14 de marzo, Coto tomó el relevo de Cascos como presidenta del partido, en un congreso en el que participé con enorme disgusto, pues como digo me encontré atrapado en aquella horrible pantomima, en la que encima fui públicamente felicitado por mi evidente “lealtad” a un personaje que para mí ya no la merecía desde ningún punto de vista, y dos días después me nombraron vicesecretario de comunicación, en la última reunión a la que acudí, ya que inmediatamente dio el otro golpe de estado en Oviedo, que en realidad se fraguó con un cambio soterrado de los estatutos en el congreso regional, con la catastrófica decisión que adoptó al elegir a dedo a la hija de su amigo de Luarca, dejando en la cuneta a los tres candidatos a las primarias. ¡La locura era ya total!

Ante tanta indignidad, ante la patológica deriva de los acontecimientos, renuncié, en medio de una polémica surrealista por correo electrónico -el personaje, que había perdido para mí todo el respeto que me quedaba, negaba todo- al puesto “de salida” que me ofrecieron en la lista a la Junta General del Principado, escapando como pude de la engatada que me organizó su machaca territorial, el panadero Enrique Lanza, que intentó lanzarme al matadero, encabezando la lista de Proaza, que había de compatibilizar, contra toda norma, con el puesto en la Junta General, con lo que quedaba política y personalmente anulado.

Y Cristina entregó la cuchara a Cherines con el beso de la “Rendición incondicional”

Tras los acontecimientos que relato en los tres capítulos – ver (I) y (II)- de una serie que dedico a poner orden en lo ocurrido en esos días que para mí marcaron el final de mi colaboración con Cascos, nada me sorprende ya. El apoyo de Cristina Coto y Foro a Mercedes Fernández en el debate de investidura de presidente de Asturias, un gesto inútil, una foto al final, que sólo pone en valor a Gaspar Llamazares -sobre el que pivota ahora, gracias a Foro, la política asturiana-, orquestado sin reunión alguna para escenificarlo, sin contrapartida conocida a cambio de semejante apoyo, sin poner programas en común, sin pactar nada, en lo que no es ni más ni menos que una entrega sin paliativos de la cuchara, una versión sáfica del beso de la rendición incondicional de la marinero Cherines a la enfermera Coto, no me coge de sorpresa, pues se trata de un nuevo capítulo de aquellos desgraciados sucesos de febrero y marzo, cuando con sus golpes de estado internos, Cascos, se aseguró el control personal de los restos del naufragio del partido que él mismo creó.

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