Avilés saca pecho en Cultura tras el final del desmadre arecista

Interesante artículo de Saúl Fernández en La Nueva España de Avilés, en el que se hace sangre de los compromisos de Oviedo con su Festival de Ópera:

teatroaviles

Lo que sucede en Avilés con el el teatro tiene mucho que ver con el arte de la magia: en 2015 se programaron cuarenta y pico funciones y se invirtió en su contratación poco más de lo que cuesta un espectáculo de la temporada de ópera de Oviedo; un presupuesto que, además, es la mitad del que el concejo empleaba para Cultura en los años dorados, los anteriores a la crisis (que echó a andar en 2008). Y, además, todo en cuatro (o cinco) escenarios gestionados por dos administraciones distintas: el teatro Palacio Valdés y el de Los Canapés corren de la cuenta del Ayuntamiento de Avilés; y el auditorio, los vestíbulos y el Club del Niemeyer, de una fundación controlada por el Principado. En total: algo más de 300.000 euros. Pero no todo sirve para contratar: con ese dinero también se pagan los autores, la publicidad… Así que, de nuevo, el primer aplauso del año se lo llevan los programadores que insisten –contra viento y marea– en mantener una ciudad de las afueras de las afueras en la primera división de las artes escénicas nacionales.

bocadilloEn 2015 se estrenaron en Avilés dos de los éxitos más grandes del teatro en España: “Buena gente” y “Reikiavik”. La primera contó con Verónica Forqué como superestrella sideral y, en la segunda, lo que destacó fue un guión perfecto obra del escritor de teatro más importante de los últimos años: Juan Mayorga. Se da la circunstancia de que Mayorga volvía a la dirección escénica, oficio en el que había debutado también en Avilés, con “La lengua en pedazos”, cuya primera función se vio en Los Canapés, cuando el Palacio Valdés estuvo de obras. Además de esto, David Serrano regresó a la comedia y también a Avilés después de los dramones “La venus de las pieles” y “Lluvia constante”. Los dos espectáculos, tras su paso por los escenarios avilesinos (los dos, en el Palacio Valdés) lo dieron todo por toda España.

La otra obra del año fue “Cuando deje de llover”, esta vez en el auditorio del Niemeyer. Un éxito de una pequeña productora que supo elegir un texto redondo (de Andrew Bovell) que tomó forma gracias al talento de un director extraordinario como es Julián Fuentes Reta.

Pero no sólo éstas: el año comenzó con otro estreno de esos delicados: “Invernadero”, de Harold Pinter, pero con Mario Gas en la dirección escénica (en marzo vuelve con “Sócrates”), y con Tristán Ulloa y Gonzalo de Castro, superlativos. Para ver buen teatro, pues, hay que hacerlo en Avilés: los datos son contundentes. Y la afición, ampliada. El ciclo Off Niemeyer junta montajes de pequeño calibre, pero de gran talento: “La mirada del otro”, de María San Miguel y Chani Martín, o “Trinidad”, de Ana Fernández Valbuena son sólo dos de ellos. Comienza un nuevo año y todo apunta a que los presupuestos municipales (y los regionales) se van a prorrogar. Veremos.

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