La Nueva España se divierte a cuenta de Cascos con el “Pacto del astillero”

lucianaveros

Por Porompompón Porompompero

Los comunicadores del equipo del socialista Javier Fernández han parido un nuevo engendro. Se trata de una bonita historia que lleva el sello creativo del gabinete presidencial dirigido por José Manuel Piñeiro.  Una fructífera leyenda urbana con la que pretenden tapar sus años de romance con el PP de Asturias, que concluyeron abruptamente a causa del voto de Somos Oviedo a Wenceslao López como alcalde, algo que no se produjo en Gijón por parte de Xixón si Puede. Javier quiso evitarlo y no pudo, pero Mercedes Fernández se enfadó y le pidió el divorcio político, después de un largo romance del que salieron los presupuestos regionales y el engendro legislativo que dejó la TPA sin consejo de administración para los restos.

En la PSOE no lo pueden soportar, no pueden permitir que la mayor ciudad de Asturias esté fuera de control, en manos de un sector de Foro Asturias, el que encabeza Carmen Moriyón, que a poco que se esforzase se podría hacer con el liderazgo regional y dar la vuelta que ese partido necesita, y como no quieren que el moriyonato se consolide bajo ningún concepto, están creando el microclima necesario para una moción de censura tras las elecciones generales que tiene muchas posibilidades de salir adelante si los dirigentes gijoneses de Foro no se quitan de encima la caspa pepera. ¡Ruido de sables en Gijia!

La Nueva España se divierte a cuenta del “Manicomio de Cascos”

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La “Cárcel de papel” de La Codorniz

Lucía S. Naveros escribe este lunes en La Nueva España una crónica titulada “Los amarres políticos de Naval Gijón“, que no es ni más ni menos que un favorazo que le hace el “diario líder” al gabinete fernandino, para dar carta de naturaleza a una pesadilla de agosto: el “Pacto del astillero”, en el que los líderes de la Corriente Sindical de Izquierdas, CSI, como Cándido González Carnero, jugarían un papel protagonista con Francisco Álvarez-Cascos, para conseguir que el candidato socialista a la Alcaldía gijonesa no lograse el apoyo necesario para desbancar a Carmen Moriyón. ¡Todo aquel que no apoye al PSOE es un siervo de Cascos! ¡Ahhhhrrrrgggggg!

En el diario de la calle de Calvo Sotelo, que compra esta milongona a Piñeiro, se ríen para justificar tan pintoresco parto, y se vengan así, creativamente, de Cascos, escribiendo libelos como los que él lleva años publicando en la Web de Foro Asturias, lanzando chorradas muy parecidas a las que el hoy atechado ex presidente de Foro viene lanzando desde la Web que él personalmente dirige, y que ha convertido en la cañonera de sus obsesiones particulares.

Si en La Codorniz de Álvaro de la Iglesia, en tiempos de Francisco Franco Bahamonde había una “Cárcel de papel“, en la Web de Cascos hay un “Manicomio de Papel“. Ese manicomio lo dirige y alimenta personalmente el ex presidente de Foro, a pesar de haber puesto ahí a Cristina Coto a figurar, para llevarse las leches, al frente de un negocio que no controla. Cascos dispara siempre debidamente guarecido; es el instinto del cazador que utiliza la tecnología humana para abatir un animal indefenso, por pura diversión. Pero como en La Nueva no pueden ser menos, y en el fondo el ex vicepresidente les pone a cuenta del hormiguero y sus hormiguitas, emulan, desde sus páginas, el “Manicomio de Cascos”, y hacen unas risas a cuenta de la ocurrencia.

La gracia estriba en sustituir “duernu” por el “astillero”

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El “Manicomio de papel” de la Web de Cascos

Una cosa es el análisis mediático del mecanismo del bipartidismo de largo recorrido fraguado entre el PSOE y el PP, y especialmente en la Asturias que partieron y se repartieron durante tantos años, y otra muy diferente agitar ese entendimiento como un pacto electoral, un juego que Cascos convirtió en slogan con la gorrinesca metáfora del pacto del duernu. Y claro, darle la vuelta a ese slogan, para inventarse otro, da para un ratín de conversación entre Piñeiro y Ángeles Rivero, la directora de LNE, a la que también le mola reirse.

Y es que Cascos da mucho juego, porque a estas alturas hay que reconocer que tiene bemoles que el secretario general del PP que vio convertirse a Luis Bárcenas Gutiérrez en “Tarzán”, el hombre que llegó a Génova en taparrabos, saltando de liana en liana, para terminar forrado, haya tenido que protagonizar la ruptura de los asturianos con el monopolio del poder político ferozmente sujeto por el tándem formado por Vicente Álvarez Areces y Gabino de Lorenzo, que parió escándalos tan asombrosamente gestionados como el del Caso Marea o el Caso Calatrava, cuya deriva judicial resulta tan incierta como desvergonzada es la presencia de sus protagonistas al frente de la Delegación del Gobierno o en un escaño del Senado.

Pero eso es otra historia, vamos a lo que nos ocupa, al “Pacto del astillero”

Empecemos por dejar claro que Cascos no puede ver a Moriyón, que todavía tiene cuentas pendientes por la guarrada que le hizo al colocarle a traición a la Coto al frente del partido, y porque Juan Manuel Martínez Morala, referente histórico activo en la CSI, no quiere saber nada con los partidos políticos, ni con Foro, ni con Podemos, ni con ninguno, y todo el mundo sabe que Cándido juega a la política por su cuenta y riesgo. Así que de la CSI, na de na, Lucía.

Sigamos por el hecho evidente de que una candidatura respaldada por Podemos, como es la de Oviedo, hizo alcalde a un candidato socialista que sí es de su agrado, cosa que no sucede en la Villa de Jovellanos, ya que José María Pérez hizo más mili que el palo de la bandera en el núcleo duro del PSOE más guarrete, lo que no ocurre con Wenceslao López en Oviedo. Y ahí estriba la diferencia, no es lo mismo Wenceslao que Pérez. Así que de pacto contra el PSOE nada de nada.

No cuela

José Velasco, de Zebrastur, firma los papeles que le pasa Julia Piñera, bajo la atenta mirada de Gabino de Lorenzo
José Velasco, de Zebrastur, firma los papeles que le pasa Julia Piñera, bajo la atenta mirada de Gabino de Lorenzo

Todo conduce a ver el artículo de Lucía como un divertimento veraniego grato a la dirección del periódico y al gabinete fernandino, porque además de para unas risas, no deja de ser un favorín que le hacen al presidente Javier, y como es sabido, en La Nueva España, nada que resulte grato a Fernández les resulta ajeno, al menos mientras éste pague las facturas y siga llegando la pasta de las campañas de publicidad regional y de los programas que Asturmedia, la productora de LNE, que graba en el edificio que el Ayuntamiento de Oviedo tiene cedido a José Velasco en Olloniego como escuela municipal de cine.

¡Menéndez cambia el rollo que ése no cuela!

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Celebra su jornada de reflexión Alberto Menéndez, subdirector de La Nueva España, con una columna en la que como es habitual en los opinadores de empresa, realiza una afirmación de esas que en filosofía se llaman apodícticas, pero incumple su principio esencial, el de veracidad. Es decir, hace trampa.

Vean lo que dice Menéndez:

Pero lo que sí se puede asegurar es que un Gobierno autonómico minoritario, con el respaldo de 15, 16 o 17 diputados, sean del partido o de los partidos que sean, no sería lo más adecuado para Asturias.

¿Y por qué, Menéndez? La etapa de enorme inestabilidad que dio al traste con el Gobierno minoritario de Foro Asturias, tuvo como causa, entre otras cosas,  la brutal hostilidad de La Nueva España hacia Francisco Álvarez-Cascos. No porque fuera minoritario, sino porque era Cascos.

Después de Cascos, Javier Fernández gobernó de forma minoritaria, pero con el apoyo de La Nueva España, y entonces todo estuvo bien. Aunque Javier no hiciese nada, les gustaba el gobierno minoritario de Javier.

Que Menéndez diga que Asturias necesita gobiernos mayoritarios, debe justificarse con la experiencia, y aquí hemos conocido dos mayorías absolutas letales: la de Vicente Álvarez Areces en Asturias o Gabino de Lorenzo en Oviedo, que fueron muy aplaudidas por su periódico, hasta que dejaron de tener firma en las órdenes de pago.

¿Se trata de que nuestros gobiernos respondan a las preferencias de los asturianos o a las de la empresa de Menéndez? Los asturianos, lo único que han visto de los gobiernos mayoritarios, han sido enormes atracos: El Musel, el HUCA, el Calatrava, el Niemeyer, la TPA, es decir, perdimos un montón de dinero. Eso sí, La Nueva España sacó lo suyo de todo ello.

¡Menéndez cambia el rollo que ése no cuela!

Francisco García, el Luca Brasi que fracasó en su cruzada contra Carmen Moriyón

franciscogarcía

Francisco García, subdirector de La Nueva España de Gijón, pertenece de pleno derecho a esa terrible generación de sedicentes periodistas que ejercen en realidad de sicarios -matan o al menos intentan matar, por cuenta ajena- pues no se ocupan de los hechos, sino que alumbran a diario opiniones por cuenta de su empresa; opiniones inevitablemente interesadas, supeditadas a los intereses de su empleador.

El llamado periodismo de opinión, a diferencia del verdadero periodismo, no puede ser mercenario, porque entonces no es periodismo, sino mera propaganda de tres al cuarto, al servicio de esos intereses empresariales de máquinas recaudadoras de publicidad que chirrían por culpa de la crisis y del cambio tecnológico. No se puede cubrir la opinión a base de empleados, porque eso cruje demasiado.

Como las cosas van cada día peor para la prensa impresa, por sus elevados costes, que no se compadecen con el precio y la eficacia de la publicidad en Internet, los tiempos de la ecuanimidad y la ponderación han pasado, y aquí al que no paga la “protección” se le ametrallan las lunas del negocio cada cinco días.

Por eso no hay escritores ni firmas de fuera de la empresa, y hasta Luis Arias Argüelles-Meres se tuvo que marchar a El Comercio porque no le dejaban criticar a Javier Fernández, que es el que más paga, directamente, y a través de los contratos con la TPA y otras empresas sin control como la televisión pública.

Y es que La Nueva España debe querer del Ayuntamiento de Gijón un dinero que al parecer no recibe, porque si lo recibiese Francisco García hablaría de Carmen Moriyón, como poco, las mismas maravillas que hablan a diario de personaje tan poco creíble como Agustín Iglesias Caunedo. Pero no, Caunedo, que tiene a Rodolfo Sánchez dedicado en exclusiva a engrasar los ejes de Calvo Sotelo, es bueno, y Moriyón, que no se deja intimidar, es mala. ¡Hala, balas al cargador!

Y para eso tienen ahí un sicario que se trajeron de Zamora, colocado al frente de las balaseras que se lanzan a diario desde las páginas gijonesas de LNE sobre las consistoriales. ¿Por qué un sicario? Es evidente, porque su misión es intentar matar, disparando a diario, a quien no entrega a su empresa el dinero de la “protección”. Los argumentos son de lo más elemental: “o sueltas la mosca o te clavo un cuchillo en la mano”.

Lo malo para La Nueva España, es que de nada han servido estos años utilizando a García para disparar sobre Moriyón, mientras la redacción de Oviedo al completo se dedica a tocar la lira sobre las excelencias de Caunedo, pues hasta la encuestadora contratada por ellos mismos, en su manipuladísimo trabajo del pasado domingo, suspende a Caunedo y aprueba a Moriyón.

Y es que Oviedo y Gijón están muy cerca, pero las secciones de Oviedo y Gijón de LNE están más cerca todavía, a unas páginas una y otra, y el contraste es tan escandaloso que lo ven hasta los tontos de cada pueblo.

El sistema no funciona. Amiguinos. Por eso, al sicario García, que va por la vida de fino intelectual y de tuitstar, le parece mal que desde Proaza pongamos en evidencia su terrible papelón, como una especie de Luca Brasi periodístico, trabajando para Corleone Calvo Sotelo, y tilda como rebuznos las humildes palabras con las que ayer hablábamos aquí de su triste destino y de sus no menos tristes desatinos.

La Nueva España que aplaudía al transfugado Prendes, da pescozones al transbordado García

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La Nueva España está girando estos días el ángulo de tiro de sus cañones, y parece que pasa de tener a Foro como objetivo diario de una estomacal campaña de desprestigio personal y político de sus dirigentes, a concentrar sus disparos sobre Ciudadanos, partido al que alentó en un primer momento, cuando pensaban que el tránsfuga de UPyD, Ignacio Prendes, podría hacerse con el control de su maquinaria.

Sin duda, el tránsfuga Prendes está bien visto en Calvo Sotelo, porque allí conocen sus promiscuas tendencias en política. Alberto Menéndez, subdirector del periódico, que carga con la dura labor de editorializar con su propio nombre y efigie, por cuenta de los intereses de la empresa, ya fue el encargado en su día de lanzar un cuchillo contra la puerta de Prendes, cuando Rosa Díez le obligó a romper el pacto de legislatura que permitía que Javier Fernández gobernase con presupuestos a cambio de nada.

A Prendes le amenazaban con darle “cancha” informativa o quitársela. Mientras Prendes se prestó a ser un machaca del presidente Javier, La Nueva España y la TPA cantaban a diario las maravillas de su flequillo. En cuanto rompió, le rompieron, y su gesto de triunfador sonriente se trocó en una mirada hosca que dejaba adivinar un gran cabreo con el mundo. Ya no le querían.

Y es que cuando saltó por los aires aquel pacto de investidura, a Prendes se le acabó la baraka y anduvo por ahí penando, con cara de pocos amigos, hasta que consiguió venderle a Albert Rivera que él era un gran fichaje para Ciudadanos en Asturias, después de que el catalán rechazase los cantos de sirena de algunos excrementos a la deriva procedentes de Foro.

No fue Prendes el único que recibió con alegría desbordante el haber sido señalado con el dedo catalán. En La Nueva España bailaron un zapateado, pero su gozo se fue al pozo. En Calvo Sotelo no están contentos con el fracaso de la jugada de Prendes, del que nunca destacan ni destacaron su condición de tránsfuga, al haber estado trabajando para Ciudadanos desde el aparato de la UPyD, y sin embargo llevan un par de días desestabilizando al candidato regional finalmente designado por Barcelona, Nicanor García, por “ocultar su pasado socialista”, publicando algunas supuestas protestas de afiliados de Ciudadanos en Facebook, con gran alarde tipográfico.

Tan diferente vara de medir, hacia el tránsfuga Prendes y el transbordado García, da que pensar.

El comité de La Nueva España convoca una jornada de huelga

El comité de empresa de Editorial Prensa Asturiana, empresa editora del diario La Nueva España, ha convocado una jornada de huelga para el próximo 25 de febrero ante la decisión de la dirección de la empresa de despedir a un redactor de su plantilla.

Según ha informado el órgano de representación de los trabajadores, la decisión de convocar la huelga se ha adoptado durante una asamblea en la también se ha acordado llevar a cabo concentraciones diarias a las puertas de los centros de trabajo y una huelga de firmas de los periodistas a partir del miércoles.

En un comunicado, el comité señala que esta decisión se ha adoptado ante la negativa de la dirección a reconsiderar el despido del redactor Félix Vallina y anuncia además que denunciará ante la autoridad laboral el sistemático incumplimiento de jornada fijado en el Convenio “y el maltrato verbal al que se somete a la plantilla”.

Para los representantes de los trabajadores de La Nueva España, este despido quiebra las relaciones laborales que tradicionalmente regían en la empresa y consideran que esta “irresponsable” decisión llega pocos días después de que la asamblea de trabajadores aprobara el convenio 2014-2015, acordado con la empresa y pendiente de firma.

En dicha negociación, aseguran, los representantes de la empresa manifestaron su disposición a que no se produjeran nuevos despidos por lo que el comité insta a reconsiderar un despido “arbitrario, desmedido y que vulnera el mínimo respeto a la dignidad del trabajador”.

José Manuel Vaquero se jubila tras convertir La Nueva España en una antipática máquina recaudatoria

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Por Juan Vega

Cuando José Manuel Vaquero entró en La Nueva España como colaborador de aquel periódico de la Cadena de Medios de Comunicación Social del Estado, antigua Prensa del Movimiento, se las acabó arreglando para que la cúpula entonces encabezada por Luis Alberto Cepeda, periodista de raza y buena persona donde las hubiera, le dejase hacer unas columnillas de última página, en las que el joven periodista de Bueño se encargaba de conectar aquel diario que había sobrevivido al régimen de Francisco Franco, con la realidad que se escondía detrás de las transformaciones políticas de España y Asturias en tiempos de la Transición.

Vaquero, como buena parte de los periodistas de la época, colaboraba también en otras iniciativas, como el Asturias Semanal de Graciano García, donde entrevistó a buena parte de los personajes emergentes, y de paso hacía equilibrios de supervivencia, muy necesarios para el aprendizaje ante el futuro que se le venía encima. Ése salto que se produjo entre la España de Franco y la de Felipe González, con la Transición de Adolfo Suárez como gozne, se encarna en Vaquero como ágil atleta saltador, que encontró en La Nueva España su pértiga.

Difícil mundo aquel de La Nueva España que llegó a manos de Cepeda tras pasar por la dirección de Juan Ramón Pérez-Las Clotas, quien le entregó abruptamente -por un cese fulminante- el testigo de Francisco Arias de Velasco, fundador del periódico que tiró su primer número el 19 de diciembre de 1936, como combativo instrumento de propaganda falangista durante el cerco de Oviedo, instalado en la sede del paralizado Avance, diario del SOMA-UGT que se trasladó a Gijón.

Cepeda dentro de su discreción, contaba cosas interesantes y curiosas. Como por ejemplo que la Primera llegaba encriptada de Madrid a diario, y Luis Alberto, como buen equilibrista de un tiempo agitado y confuso, necesitaba una conexión con lo que venía. Como el de Bueño no despertaba envidias, pues ni era especialmente brillante ni hacía alardes de estilo, ya que nuca se le dio especialmente bien el arte de escribir, todo parecía ir razonablemente bien, dentro de la enorme tensión propia de las redacciones de la época.

Vaquero, que también ocupó la corresponsalía de El País -detalle no menor-, inauguraría después, con su paso a las funciones empresariales, la nueva generación de periodistas ágrafos que explican muchas cosas, con su escaso apego a la principal razón de ser de la profesión, que es, sin duda alguna, el arte de la pluma, que tan bien conservaron raras especies como Faustino F. Álvarez o Francisco Carantoña, uno en Oviedo y en Gijón el otro.

El después todopoderoso director primero y editor después de La Nueva España, escribía entonces, con su firma, una columnilla en el diario dirigido por Cepeda, en la que daba a conocer a la sociedad asturiana los personajes cuyo hálito se percibía tras del espejo del Régimen. Masones, comunistas, socialistas, exiliados de todo pelaje, aparecían en las columnas de quien establecía así los contactos con un mundo con el que los dinosaurios de La Nueva España falangista no podían exhibir relación oficial. La información sobre lo que venía, se daba en un pequeño rincón.

A finales de 1983 Felipe González, que llevaba escasamente un año como presidente del Gobierno, dio los últimos pasos en su decisión de privatizar los diarios de la Cadena de Medios de Comunicación del Estado, y en diciembre de aquel mismo año se anunciaron las primeras subasta de veintidós diarios del grupo, entre ellos La Nueva España, que se salió a la venta el 21 de febrero de 1984.

Vaquero, en una extraordinaria pirueta personal que requiere un estudio muy serio por su papel y el de su buen amigo y colaborador Pedro de Silva, con su Gobierno, en aquella subasta, se hizo con el control de uno de los periódicos del Grupo, que cayeron en manos de Javier Moll de Miguel, casado con Arantxa Sarasola, hermana de Enrique, gran amigo y colaborador del presidente González, detalle no menor si se tiene en cuenta que Moll pasó de la nada al todo, con uno de los mayores grupos de prensa de un país, en el que González también pasó de abogado laboralista de la pana rayada a entrar en el gremio de los plutócratas. “España y yo somos así”.

En Asturias, lo que había sido el periódico del régimen de Franco, que se hizo en el inicio de la Guerra Civil con los talleres del Avance del SOMA-UGT, se convirtió en el diario de un extraño régimen de poder político-periodístico que podría llegar a definirse como vaqueril, pues el de Bueño se hizo un espacio a medida, en el que sería muy difícil distinguir el negocio de la política de la política del negocio. Asturias siempre fue diferente, y su régimen de poder a lo largo de estos años es un enredo difícilmente explicable para quien venga de fuera, pues entre los líderes del PSOE, el PP, La Nueva España, Cajastur y poco más, montaron un chiringuito de espectaculares dimensiones y endogámica discreción asegurada.

El periodismo empezó a brillar por su ausencia en el régimen vaqueril. Se eliminaron las columnas de opinión en páginas destacadas del periódico, reservando la segunda página para columnistas de agencia con excepciones muy controladas de plantilla. Se habilitó una sección de firmas en la que ya no queda casi nadie, y el periódico se convirtió poco a poco en una mortífera herramienta al servicio de los grandes chanchullos que destrozaron el Principado en tiempos de la burbuja y en una obsesiva y demoledora máquina de odiar, que dividió el mundo en buenos -los que me pagan- y malos -los que no me pagan- con una rotundidad maniquea digna de la más infantil de las tiranías bananeras.

Ahora, por fin, el consejo de administración de Editorial Prensa Ibérica (EPI) ha nombrado consejero delegado del grupo a uno de los hijos de Javier y Arantxa, Aitor Moll Sarasola, que de acuerdo con la lógica de los grupos familiares se encarama al puesto que venía ocupando Vaquero, que se va a quedar colgado de la brocha. La pesadilla en que Vaquero se ha convertido para una buena parte de Asturias, podría remitir, como un mal sueño, con la retirada de su principal responsable.

Pero el mal está hecho. Moll Sarasola, nuevo consejero delegado de Editorial Prensa Ibérica se encuentra con un periódico destrozado por el sectarismo, cuyas prácticas sicilianas dejan infinitos recelos en la sociedad asturiana, en el que algunos personajes, fieles seguidores del regimen vaqueril, como Alberto Menéndez, Eduardo Lagar o Álvaro Faes, acostumbrados a tomar la ametralladora a diario y disparar sobre quien les venía indicando el editor, les va a dejar un extraño mono sin rendir tributo a su sanguinaria inercia. La existencia de una directora como Ángeles Rivero al frente del diario, parece no haber servido para otra cosa que para fabricarle a su marido una pintoresca vitola de lector indomable de solapas. Tiene poca masa crítica entre la que escoger, Moll Sarasola, para devolverle a La Nueva España el esplendor perdido y limpiar la enorme capa de caspa que deja el régimen vaqueril.

TPA: PP y PSOE vuelven a ponerse de acuerdo para defender la ilegalidad y la corrupción, como hicieron en el Caso Niemeyer

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Foro se concentró ante la TPA en contra de la corrupción y la ilegalidad que campan por sus respetos en la cadena

 Por Juan Vega, consejero de Foro en TPA

El PP, olvidado ya de su época crítica hacia los “chiringuitos socialistas” del PSOE, cerró ahora filas con el Gobierno socialista de Asturias para aprobar una ley de punto final para la TPA, que permitiese escapar de sus responsabilidades a los gestores de la cadena, ante las demandas presentadas en los tribunales por los consejeros de Foro. Mercedes Fernández y Javier Fernández se unen nuevamente en defensa de la ilegalidad y la corrupción en el sector público asturiano.

Cuando el PP defendía la corrupción en el Niemeyer
Cuando el PP defendía la corrupción en el Niemeyer

Es lo mismo que hicieron apoyando y protegiendo a Natalio Grueso y la gestión del Niemeyer, hasta que la actuación de Foro ante los tribunales impidió que socialistas y populares siguieran protegiendo a Grueso y la opinión pública pudo comprobar que Foro tenía razón, y que aquellas manifestaciones en las que la alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, y el popular Joaquín Aréstegui, iban de la mano, defendiendo la ilegalidad y la corrupción, sólo pretendían dañar a Foro.

Los consejeros de Foro, en sus demandas contra TPA, acudieron a la Justicia en defensa de la legalidad, ante la negativa de los directivos elegidos a dedo por su pertenencia a gabinetes socialistas, a someterse a las normas que exigen que una televisión pública respete el pluralismo y permita a sus consejeros fiscalizar los gastos a través de la contabilidad de la cadena.

Ahora, socialistas y populares pretenden dejar fuera a los consejeros de Foro en TPA, para intentar anular así sus actuaciones judiciales, aplicando una interpretación totalitaria de la nueva ley, para entregar todo el poder en la televisión a unos directivos elegidos a dedo por criterios de confianza política, arrebatando sus funciones al Parlamento de Asturias.

La actuación de Foro, en defensa de la legalidad, la transparencia informativa y de la gestión de la televisión pública, contrasta con el silencio de organizaciones políticas como Podemos, IU o UPyD, y la complacencia de los sindicatos de la TPA, que tanto cacarearon en otros tiempos por la actuación de Foro en el Gobierno –que fue plenamente legitimada por los 28 procedimientos judiciales que los directivos de TPA perdieron contra el Gobierno de Foro-, demostrando quiénes defienden aquí los principios fundamentales de nuestro sistema democrático, y quienes van en moto con el modelo chavista de comunicación establecido en Asturias por el PPSOE y sus comparsas.

Nada de todo esto podría explicarse, si el acuerdo entre el PSOE y el PP para sumir a la TPA en la más absoluta opacidad, no estuviese avalado por los contratos que la cadena mantiene con Asturmedia, la empresa audiovisual de La Nueva España, para gestionar la unidad móvil de la propia TPA y para producir TPA Deportes y el Super Lunes.

Vean: