La Nueva España cambia la “mancheta” y cierra un ciclo que empezó con el nombramiento de Vaquero por el Gobierno de Felipe González

Antes del 31 de diciembre de 2014

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Tras el 31 de diciembre de 2014
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El lenguaje de los signos, los gestos y los hechos desnudos es casi siempre más elocuente que mil discursos. La Nueva España, diario del grupo Editorial Prensa Ibérica, EPI, acaba de cambiar, con el año, su mancheta. Aunque el palabro no existe en el repertorio oficial de la lengua española, así se denomina, en argot periodístico, el espacio en el que se dan las claves del poder en un diario. Algo así como la etiqueta en la que se detallan los ingredientes de unas magdalenas o los componentes de un medicamento.

Para entender cómo se toman las decisiones en un medio de comunicación escrito, y su gestión empresarial y periodística, sus filias y sus fobias, su estilo, su saber hacer, calidad, seriedad, credibilidad, y demás circunstancias del caso, hay que empezar por escrutar la mancheta, y luego, por supuesto, ir mucho más allá, a la historia de sus cambios y transformaciones. Los cambios en La Nueva España resultan muy relevantes, ya que estamos ante el final de la carrera de un personaje clave -uno de los más destacados- en la vida pública de la Asturias contemporánea.

José Manuel Vaquero Tresguerrres, acaba de caerse de la mancheta del diario que venia controlando vicariamente, desde su nombramiento como director por Javier Solana Madariaga, ministro de Cultura del Gobierno de Felipe González, que entregó este periódico, mediante subasta, al cuñado de Enrique Sarasola, buen amigo, y “mucho más”, del entonces joven abogado sevillano que ahora forma parte de la plutocracia española y la jet set internacional.

Francisco Javier Moll de Miguel y Arantxa Sarasola, presidente y vicepresidenta del grupo Editorial Prensa Ibérica, y por ende propietarios de LNE, son padres de Aitor Moll Sarasola, que de acuerdo con la lógica de las empresas familiares, se convierte ahora en consejero delegado del conglomerado, y por lo tanto en el primer ejecutivo que controla el periódico con el que se quedaron sus padres en los tiempos en que Felipe González era presidente del Gobierno de España. De ahí la jubilación forzosa de Vaquero: toda una vida, desde la subasta, a los mandos de una máquina de hacer dinero, que se le escapa ahora de las manos, por las leyes inapelables de la sangre.

Pedro de Silva, columnista preferido de Vaquero, fue el presidente del Gobierno de Asturias que dio cobertura a la subasta de LNE, enviando a la puja a su consejero Faustino González Alcalde, a hacer el paripé, en nombre de un grupo asturiano formado por el Gobierno de Asturias, Cajastur e inversores privados, que amagó con una oferta muy limitada. Los beneficios del primer año de explotación fueron superiores al precio de compra con el que se adjudicaron el negocio los Moll-Sarasola, y luego, sólo con las enciclopedias encartadas los domingos como regalo a cuenta de los contribuyentes asturianos -gentileza del inmaculado columnista de Silva-, los beneficios devinieron astronómicos.

Vaquero, que como vimos alcanzó la plenitud profesional con la privatización de LNE en tiempos del financiador de enciclopedias de regalo de Silva, que puso su periódico a vivir, aunque un poco más joven, ya que nació en 1946, es en realidad un personaje clave de la generación de Vicente Álvarez Areces o Gabino de Lorenzo, los dos nacidos en el mismo año, 1943, con los que compartió la pasión por el poder y la falta de límites. Periodistas y cargos públicos, forman parte de dos escalones diferentes de la política. Son entes parasitarios entre sí. El mismo año 83 en que Felipe nombró director a Vaquero, también nombró a Areces director provincial de Educación. Estaban condenados a entenderse una vez retirado de Silva de la primera línea.

Vaquero pilló la burbuja con Areces y Gabino -el más joven en política de los tres- a los que puso de acuerdo en proyectos tan maravillosos para el interés particular como el Calatrava o el HUCA, con los que se metió al empresariado emergente en el bolsillo, y supo abrazarse a Manuel Menéndez para consagrar un modelo de negocio, en el que con la financiación de Cajastur, del Gobierno de Asturias y del Ayuntamiento de Oviedo, LNE se convirtió en una vorágine publica y privada, plataforma desde la que se consolidaron las grandes fortunas que protagonizaron la actualidad de los años de la burbuja, y están en la raíz de nuestra catástrofe del presente.

Ahora, el grupo EPI, al borrar a Vaquero de la mancheta, se borra a si mismo, tal y como se puede comprobar en las imágenes que aportamos, y dejan sola ante el peligro a la directora Ángeles Rivero, y al escuálido equipo a su cargo, casi todos ellos destrozados por su prosaica tarea como amanuenses vaqueriles. Un diario respetable debe estar dirigido por alguien que en vez de dedicarse a los negocios, se dedique a escribir, que se moje.

Vaquero,  que leyó su tesis doctoral en el año 2000 sobre las excelencias del diario que él mismo dirigía, ante un tribunal del que formaba parte Gustavo Bueno Martínez, definía con su trabajo de “investigación”, en doblelenguaje orwelliano, la terrible máquina en la que convirtió ese periódico tras su nombramiento por Felipe González y su privatización en manos de los parientes de su empresario de cámara:

La tesis analiza principalmente el nuevo tratamiento informativo dado al periódico por Editorial Prensa Asturiana por medio del estudio de la publicación en el periodo comprendido entre 1984 y 1994 y llega a la conclusión de que las claves de la recuperación están en aplicar una óptica netamente asturiana, de separar nítidamente la información de la opinión de ofrecer una información de calidad, libre e independiente, de reflejar fielmente el pluralismo social, de fomentarla libertad de opinión en sus páginas y de servir a los intereses generales de Asturias.

Vaquero, en su tardía y tópica tesis, nos dice de qué presumía ya entonces, y por lo tanto, de qué carecía cada vez con más fuerza su periódico, un medio en el que la información de calidad, la separación de ésta y de la opinión, el pluralismo y la libertad de opinión brillaban por su ausencia, casi tanto, como la defensa de los intereses generales de Asturias, y ahora deja atrás un equipo rector y una redacción destrozada, desnortada y perdida para la causa de la credibilidad y  la solvencia intelectual.

La desapareción de los responsables de EPI, la empresa de la mancheta de LNE para dejar solos a los responsables periodísticos, se percibe, perfectamente, en el producto final que se publica desde el primer día de enero: en él se palpa la inseguridad y la falta de una línea que sustituya al modelo paranoico obsesivo impuesto por el ahora cesante José Manuel Vaquero.

No es fácil desandar un camino andado, cuando el viaje a los infiernos deja chamuscados a los forzados excursionistas que se han pasado unos años en un auténtico averno periodístico, en el que quien no estaba con Vaquero y sus obsesiones, manías y fijaciones , estaba contra él, y se veía pasaportado rumbo a la nada.

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Los Moll, Javier Moll de Miguel, y su esposa Arantxa Sarasola, presidente y vicepresidenta de Editorial Prensa Ibérica, acompañando al profesor Matías Díaz Padrón en el año 2012; con ellos José Luis Rodríguez Artime, Guillermo García-Alcalde y José Manuel Vaquero, los tres de la cúpula de EPI
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La Nueva España, rémora de Asturias, pieza de un emporio empresarial catalán, detrás de todos nuestros fracasos

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Javier Moll de Miguel, presidente del Instituto de Empresa Familiar y Prensa Ibérica

El Caso Musel, la gestión del Niemeyer o el Caso Calatrava, son algunos de los más inconcebibles protagonistas de nuestra historia contemporánea, que nunca hubieran sido posibles, sin la protección que el diario La Nueva España fue dispensando a los gestores socialistas -y sus socios del PP- de tan delirantes actuaciones. Cuando un periódico pierde toda relación con la tierra de la que obtiene su financiación, y sirve a intereses indiscernibles, lejanos y de difícil localización, ocurren estas cosas.

La historia de La Nueva España, es el compendio de una crónica asombrosa de la Asturias contemporánea. Asturias, y su catástrofe económica y social, no podrían explicarse sin la nefasta influencia de este diario, siempre al servicio de esos intereses lejanos que se cuecen en Barcelona, en manos de un empresario que nunca sintió la menor simpatía práctica por esta tierra, ni quiso identificarse con nada real en el Principado, una chincheta más en el mapamundi de sus siderales intereses.

De publicación del SOMA-UGT en tiempos de la República bajo la protección de Manuel Llaneza -La Nueva España empezó a publicarse el 15 de octubre de 1936 en las instalaciones del diario socialista Avance en la calle Asturias de Oviedo-, pasó a diario del Movimiento Nacional de Francisco Franco, para ser privatizado -en un apasionante episodio en el que contó con el apoyo de conspicuos socialistas asturianos- en manos de Javier Moll de Miguel, hoy presidente del Instituto de Empresa Familiar, que inició su andadura, desde la nada, a la sombra más íntima del socialismo rampante en tiempos del Felipismo, para presidir hoy el más influyente conglomerado empresarial español, tradicionalmente ligado a Cataluña.

Moll, Natural de Zaragoza, donde nació en 1950, ha desarrollado toda su carrera fuera de su patria chica y optó por hacerse catalán de adopción, al terminar por asentar la sede de su emporio en Barcelona. Abogado de formación, empezó de la nada como comercial de una entidad bancaria en San Sebastián, donde conoció a Arantxa Sarasola, hermana del influyente Enrique Sarasola, estrecho amigo de Felipe González. A partir de ahí comenzó su fortuna y asombroso ascenso. El quiera ver que vea.

En diciembre de 1978, Moll compró Editorial Prensa Canaria, que formará lo que más adelante sería el grupo Prensa Ibérica. La creación del grupo no llegó hasta 1984, cuando Moll adquirió en Asturias La Nueva España, el Levante-EMV de Valencia e Información de Alicante en la subasta de los Medios de Comunicación Social del Estado, holding público del Movimiento que desguazó Felipe González. A partir de ahí, el grupo de prensa liga cada vez más sólidamente su linea editorial a los intereses del Partido Socialista y sus socios ocasionales, con el que sin duda concierta buena parte de sus políticas de empresa.

En la década de los noventa, Javier Moll expandió su organización hasta las Islas Baleares con el Diario de Ibiza y el Diario de Mallorca, además de contar con cabeceras en Murcia y en Zamora. La entrada en Cataluña fue tardía pero claramente orientada a hacerse querer por el catalanismo rampante, ya que en 1996 compró el histórico Diari de Girona, heredero del Diario de Gerona de avisos y noticias, fundado en 1889 por la familia Masó y editado hasta el año 1936. En 2006 se hizo con el también catalán Regió 7, además de varias televisiones y radios, y dos semanarios. Su vocación catalana quedaba firmemente asentada.

La sede social de Editorial Prensa Ibérica se encuentra en el número 463 de la avenida Diagonal de Barcelona, aunque su presidente viene pasando buena parte de su tiempo en Australia, donde controla la compañía Euro Pacific Holding con intereses en diferentes ámbitos empresariales, como el inmobiliario, pero sobre todo los medios de comunicación. Hoy, Javier Moll, preside un espectacular grupo empresarial, el IEF, tradicionalmente vinculado al gran empresariado catalán, que asocia a casi un centenar de empresas que facturan 160.000 millones de euros al año y suponen un 27%  del producto interior bruto (PIB) nacional.

A nadie puede extrañar que el lacayuno comportamiento de los políticos asturianos hacia los intereses de Moll, ante el que todos ellos se hincan de rodillas, bajo el impacto de los latigazos que les propina su capataz José Manuel Vaquero, nos haya conducido hacia el destino trágico que hoy se nos revela con toda su carga de amenaza para nuestro futuro, y que el odio a Francisco Álvarez-Cascos y lo que representa Foro, con su orgullosa insumisión hacia esta máquina recaudatoria catalana, sea ya la principal seña de identidad de este periódico convertido hoy en la caricatura de un medio de comunicación libre, y en un triste negociete que basa su modelo recaudatorio en una obsesión patológica contra Cascos, Foro, y los intereses de Asturias.