Tocata y fuga de Francisco Álvarez-Cascos (II)

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Por Juan Vega

Para analizar lo que está sucediendo en estos momentos en el procedimiento de investidura del presidente del Principado, hay que mirar en dos direcciones, que nada tienen que ver con los cantos de sirena de los protagonistas de la película. Una parte del escenario que condiciona las negociaciones, tiene que ver con la política interna asturiana y lo sucedido en los grandes ayuntamientos. Olvidar ese contexto, equivale a no entender nada.

Pero no hay que olvidar tampoco que en estos momentos, en los prolegómenos de las Elecciones Generales, el PP está viendo cómo su ex tesorero, Luis Bárcenas, está aflorando información que acredita que la corrupción determinaba la política de ese partido hasta las últimas consecuencias, y que sus dirigentes cobraban sobresueldos que procedían de las donaciones que entregaban los beneficiarios de las grandes obras públicas.

El PPSOE se rompió en Oviedo y en Gijón

El PPSOE astur anda de capa caída desde que Xixón Sí Puede, agrupación de electores en la que se integró Podemos, entre otras muchas sensibilidades políticas y sindicales (como una relevante presencia de la Corriente Sindical de Izquierdas, CSI) se negó a respaldar la candidatura de de José María Pérez a la Alcaldía.

Pérez, como la ex alcaldesa Paz Fernández Felgueroso o el ex presidente Vicente Álvarez Areces, tienen todas las papeletas para sentarse en el banquillo de los acusados por el escándalo conocido como Caso Musel, en el que Podemos ejerce como única fuerza política asturiana personada en la Audiencia Nacional.

La ganadora de las elecciones, y alcaldesa, Carmen Moriyón, pudo ser alcaldesa, porque a diferencia de Francisco Álvarez-Cascos y su delfina Cristina Coto, carece de contaminaciones políticas con el PP que se deshace entre las repercusiones del escándalo de financiación ilegal que sacude a ese partido como consecuencia de las investigaciones de la Gürtel.

Moriyón, una persona limpia, como Wenceslao

Entre dejar que una mujer como Moriyón, que ejerce de político de centro reformista, limpia de polvo y paja, gobierne en la Villa de Jovellanos, y que lo haga un miembro del consejo de administración responsable del escándalo portuario, la duda ofende, y Xixón Si Puede se negó a entrar en el estúpido juego que divide el mundo en unas sedicentes izquierda y derecha, para anular la diferencia entre la corrupción y la limpieza. Que es lo que importa.

Xixón Sí Puede se negó a seguir el juego del PSOE e IU, y en Oviedo, hubo carambola, y Somos Oviedo, otra agrupación de electores en la que se integra Podemos, no cedió ante el chantaje de la FSA de Javier Fernández, que en virtud de su pacto con Mercedes Fernández, pretendía hacer alcalde a Agustín Iglesias Caunedo, y así, la vieja política del PPSOE se fue al traste.

Si Mercedes Fernández presentó candidatura a la Presidencia de Asturias, sin encabezar la lista más votada, como defendieron hasta ahora los peperos, no es porque ése fuese el plan, puesto que como es costumbre Cherines dejaría gobernar a Javier una vez que éste hubiese cumplido su acuerdo, cosa que no sucedió, y como en Oviedo gobierna Wenceslao López, la otrora mujer de confianza de Cascos, fichada por Mariano Rajoy para acabar con él, adoptó la única decisión razonable para ella y su partido, si se considera su difícil situación: simular que intenta quitarle el gobierno a Javifer.

El nombramiento de Coto y su apoyo a Cherines, una misma secuencia

Así pues, Mercedes Fernández no tenía más remedio que presentar candidatura y hacerse con el control del autodenominado centroderecha asturiano, cosa fácil con Cristina Coto al frente de Foro, con Cascos en retirada, y con ambos trabajando al alimón para hacerle la cusca todo lo que pueden a Moriyón, impulsando un frente “contra las izquierdas” que sólo se lo pone difícil a la forista gijonesa, al ponérselo difícil a Podemos, que de no avenirse a los acuerdos que se trabajan en este momento, serán duramente hostigados por la FSA y por la IU de Gaspar Llamazares, como responsables de que “la derecha” gobierne en Gijón, y claro, en Asturias, que gobernase la “derechona” de Cascos y Cherines, sería el acabose.

Cuando Cascos escenificó su decisión de designar sucesora a Coto, con una operación ilegítima y antidemocrática para evitar que se celebrase un congreso en el que Moriyón hubiese apoyado, junto con los candidatos y alcaldes de éxito en Foro, la opción de Fernando Couto como presidente del partido y candidato a la Presidencia del Principado, optaba por Coto, no porque fuese lo mejor para Foro (que evidentemente no lo era), sino porque era lo mejor para él, que ya había tomado la decisión de entregar Foro al PP, cuando renunció, como era su voluntad, a impulsar que Foro fuese un partido coherente con sus principios fundacionales, presidido por alguien sin vínculos con el PP como profesional de la política.

Y ahí es donde forzosamente tenemos que volver al escenario nacional, en el que el conflicto imprudentemente desatado por Dolores de Cospedal, al aflorar en El Mundo los llamados “papeles de Bárcenas”, para sacar pecho e intentar distanciar su gestión de la de sus antecesores, parece que conduce inevitablemente a poner en el mismo plano el cobro de esos sobresueldos con el de las donaciones que recibían Rajoy y los secretarios generales, entre ellos Cascos, en un círculo que está a punto de cerrarse.

En ese escenario de perdición, es lógico que Cascos, coherentemente con su forma de entender la vida, entre otros movimientos, decidiese hace ya unos meses entregar lo que queda de Foro a los que fueron, durante estos últimos años, sus oponentes políticos, puesto que él ya no puede vender una escoba regeneracionista ni el en rastro.

 

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Areces y sus cuates del consejo de la Autoridad Portuaria tienen serios motivos para el dolor de barriga

modificadomusel

Por Juan Vega

En la imagen que abre este comentario de prensa tienen una panoplia de personajes sobradamente conocidos, que estuvieron en todos los saraos de Vicente Álvarez Areces, cuando éste controlaba el Gobierno de Asturias como presidente, y a su vez cebaba a sus hombres al frente de los sindicatos, las patronales y la propia Autoridad Portuaria de Gijón. La foto, imprescindible en una comunicación seria y aséptica, ante la llegada del Caso Musel a la Audiencia Nacional, la publica El Comercio.

La Nueva España no. La Nueva España no nos cuenta que se investigan en la Audiencia Nacional las decisiones adoptadas por personajes clave en la historia reciente del socialismo asturiano, entre los que se encuentran la entonces alcaldesa socialista y el hoy candidato a alcalde por ese partido.

Los miembros de ese consejo cobraban por ejercer su función como consejeros, pero tal parece que cobraban por votar a favor de lo que quería el ex presidente Vicente. Igual no falta ya tanto tiempo para que Justo Rodríguez Braga, Severino García Vigón, Luis Arias de Velasco, Belén FernándezJosé María Pérez o Paz Fernández Felgueroso, expliquen a qué se dedicaban allí.

Ahora, ya consumidas las dietas -la anécdota- y arruinado el puerto de El Musel y la competitividad de Asturias -lo terriblemente grave-, los beneficiarios de la generosidad arecista que aprobaron el modificado, y que también formaron parte en su mayoría del consejo adjudicador al que acudió Areces en persona, estarán un tanto apretados de la barriga. Normal. Las cosas están cambiando en un país arrasado por la golfería generalizada.

Cierto es que algunos tienen ya la investigación policial encima por el escándalo de la formación, y alguno en particular está pendiente de sentencia; aún así, esto es mucho más que cualquier otra cosa, pues en el Caso Musel hablamos de tal cantidad de dinero que pone los pelos de punta al más bragado.

Pero no es la publicación de la foto del consejo encausado en el Caso Musel lo único relevante. En la siguiente imagen, tienen una captura de La Nueva España de este sábado, en la que pueden comprobar cómo ese periódico se dedica una vez más  a dar la versión de los que están con la barriga destrozada por el estrés.

olafnuevaespaña

Vean, en cambio, en la noticia que también publica este sábado El Comercio, que a diferencia de La Nueva España no da la versión exclusiva de los que se sienten en peligro, puesto que nos cuenta también algo que les tendrá que poner aún más nerviosos de lo que ya están: la fiscal del caso en la Audiencia Nacional, Isabel Vicente Carbajosa, conoce de sobra el trabajo de la denostada Oficina Europea Antifraude, la Olaf, puesto que, ¡oh maravilla!, está en excedencia de  ella, como funcionaria de la misma.

Areces, y sus cuates, tienen motivos crecientes para temblar, pues están acusando de tergiversar las cosas nada menos que a la fiscal del caso.

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Pecharromán, el hombre de Caunedo en Gijón, se une al PSOE para desestabilizar a Moriyón con unas declaraciones de perfil muy bajo

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El PP de Gijón equipara a Moriyón con Jesús Gil por cesar a la secretaria general del pleno que nombró Fernández Felgueroso mediante libre designación

Por Blogsfero

El Partido Socialista acabó definitivamente con el viejo modelo de secretario general que tenía un gran poder en las urbes españolas, al aprobar la Ley de Grandes Ciudades, vigente desde el 1 de enero del 2004. El PSOE convirtió lo que tradicionalmente era un cargo blindado desde el Estado, en un puesto de libre designación por parte de los alcaldes. Con mucha pompa, sí, con un concursillo entre funcionarios con habilitación nacional, cierto, pero al fin y al cabo, libre designación, que es lo que importa. Lo demás son milongas.

Conviene recordar, para evitar equivocaciones innecesarias, que el llamado secretario del ayuntamiento ya no existe en las grandes ciudades. Hablamos, en realidad, del secretario general del pleno, un puesto diferente al histórico secretario, pero no menos estratégico, puesto que de él depende la asistencia al alcalde “para asegurar la convocatoria de las sesiones, el orden en los debates y la correcta celebración de las votaciones, así como la colaboración en el normal desarrollo de los trabajos del Pleno y de las comisiones”. Compete también al secretario general del pleno el “asesoramiento legal al Pleno y a las comisiones”.

En coherencia con este modelo político establecido legalmente por los socialistas en 2004, que es el ahora vigente en toda España, la alcaldesa socialista Paz Fernández Felgueroso nombró en 2006 secretaria general en Gijón a Dora Alonso. La nombró mediante el procedimiento de libre designación, porque podía nombrarla así, y la nombró ella, la entonces alcaldesa socialista de Gijón, porque, hay que insistir, podía nombrarla. Eso es todo.

Ahora, la alcaldesa de Foro, cesa a la secretaria general del pleno de Gijón, porque es la autoridad competente para cesarla, porque puede cesarla, y porque considera oportuno hacerlo, dentro de sus legítimas funciones como presidenta de la Corporación. Carmen Moriyón puede y quiere cesar a la secretaria que Paz Fernández Felgueroso pudo y quiso nombrar. Todo ello mediente el procedimiento de libre designación.

¿A qué viene, pues esta tremolina organizada por la oposición gijonesa de lo que queda en aquella ciudad de la izquierdona heredera de Vicente Álvarez Areces, que venía gobernando Gijón desde los albores de la democracia? Pues eso, se trata única y exclusivamente de desgastar a la alcaldesa organizando un barullo donde nada hay que embarullar, porque nada más pueden decir de esta decisión los señores de la izquierdona, que no sea que Moriyón ha cesado una secretaria general del pleno nombrada por los socialistas.

Lo sorprendente es que a esta escandalera se sume el decadente PP gijonés, cada día más situado en la marginalidad, con atroces declaraciones de Manuel Pecharromán, el hombre de Agustín Iglesias Caunedo en la corporación gijonesa, muy interesado ahora en tender puentes con el PSOE con estas declaraciones de bajo pelo político y más que magro perfil intelectual:

Desde las filas del Grupo municipal Popular, su portavoz, Manuel Pecharromán, aseguraba ayer que «el cese injustificado de la secretaria general del Ayuntamiento recuerda más a la Marbella de los tiempos de Gil que a lo que debe ser una ciudad moderna como es Gijón».

La evidente falta de rigor y de sentido común de las palabras de Pecharromán, comparando a Moriyón con Jesús Gil por ejercer sus funciones con normalidad, es bien visible, si se compara la situación de Gijón, con el acoso de los socialistas y nacionalistas vascos al gobierno del PP de Vitoria, por aplicar la Ley de Grandes Ciudades en el nombramiento de la secretaría general del Pleno de aquella ciudad:

…, el gobierno municipal del PP ha lamentado “el desconocimiento de esta ley que parecen tener los grupos de la oposición” y ha resaltado especialmente a PNV y PSE, ya que “fueron sus representantes en el Congreso de los Diputados quienes votaron a favor de esta ley que ahora cuestionan y que alcaldes de otras capitales, y de ambos partidos, sí aplican sin que se les cuestione por ello”

El PP de Vitoria, acosado por el PSOE por nombrar la secretaría general del pleno de acuerdo con la Ley, clamaba contra la cínica actuación de socialistas y PNV. El PP de Gijón, en cambio, se une al PSOE de Santiago Martínez Argüelles, para acosar a Moriyón, con declaraciones impropias de un responsable público solvente. ¿A qué juega Pecharromán? La respuesta la tiene su amigo del alma, Agustín Iglesias Caunedo, en plena negociación con Javier Fernández para conseguir el apoyo de los socialistas a los presupuestos de Oviedo, a cambio del apoyo popular a los presupuestos del Principado…