Ya no vale cambiar cromos para eludir la lucha contra la corrupción

condicionessomos

Por Juan Vega

Todo son especulaciones, en este martes de resaca electoral, sobre los posibles “cambios de cromos” que pueden  dar “mayorías estables” en el Gobierno del Principado y en los ayuntamientos de Oviedo y Gijón.

La Nueva España se inventa hoy un titular hilarante, cuando afirman que el PSOE supedita el destino de Oviedo a “un pacto en España y en Asturias”. Saben que eso es una majadería. Las medidas contra la corrupción que llevan en sus programas los emergentes, emergidos por haberlas propuesto -los que no las preconizan se sumergen-, son tan razonables que se vuelven indiscutibles.

Esto tiene ya poco que ver con los tiempos en los que José Manuel Vaquero, Isidro Fernández Rozada, Gabino de Lorenzo, Vicente Álvarez Areces, Serafín Abilio Martínez, Severino García Vigón, Antonio Pino, Justo Rodríguez Braga, y compañía, hacían y deshacían, con el móvil en una mano, y la calculadora en otra.

Entre unos y otros, y algunos más que resultan menos visibles, partían y repartían contratos de obra pública, fondos de formación, los chollos de SEDES, SOGEPSA, TPA, etcétera, sin olvidarnos de las subvenciones del IDEPA o los avales del Gobierno para las empresas de los amiguetes.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez no se esfuerzan en dar la sensación de que ellos van a manejar los hilos de los pactos autonómicos y locales, porque los dos saben que esa pretensión es ridícula. Ambos partidos han perdido un enorme peso político, y no pueden pretender imponer nada. Ni siquiera intentar que parezca que lo hacen.

Pactar en Madrid, en Barcelona, Oviedo o Gijón el destino de este o aquel ayuntamiento se ha vuelto imposible, y las combinaciones que se hacen realizables en ejercicio de la democracia representativa, se van a ver menos adulteradas que nunca, en función de la calidad y la habilidad de los representantes que sepan tejer sus acuerdos.

Y lo que importa, ocupa y preocupa a los ciudadanos, que sufren de manera creciente las consecuencias de los cambios económicos, es la corrupción, cuyo emblema son los grandes casos que ya investiga la Justicia.

Que cada palo aguante su vela, pero que nadie olvide que detrás del fracaso del bipartidismo, está la voluntad ciudadana. Queremos ver a los responsables de esos grandes casos procesados y sometidos a la reclamación de sus responsabilidades patrimoniales personales. Y eso ya no se puede frenar con los cambios de cromos entre aparentes contrarios que se reparten negocios y territorios para desarrollarlos.

Se pongan como se pongan quienes pretenden hacer valer desde los medios la podrida dinámica de los pactos por la impunidad que hasta ahora dominaron el panorama político, los difíciles acuerdos que se fragüen, a partir de ahora, sólo pueden tener una finalidad confesa: sentar en el banquillo a los culpables de esos grandes casos de corrupción y hacer que paguen las consecuencias con sus propias fortunas personales.

Lo contrario es confundir la realidad con los apremios de algunos.

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El alcance penal de las acusaciones de Serafín Abilio contra el Gobierno de Javier Fernández

CAUNEDO  ABILIO FLC OVIEDO MARIO ROJAS 13-05-15
Caunedo con Serafín Abilio, Eduardo Donaire y Armando Adeba, en el Ayuntamiento de Oviedo
  • Abilio acusa al Gobierno del Principado de cometer al menos tres delitos negociando ilegalmente, al alza, los precios de las obras ya adjudicadas, para incrementar beneficios

Por Juan Vega

Las imágenes electorales de Agustín Iglesias Caunedo traen mucha cola. El heredero circunstancial de Gabino de Lorenzo, tiene una extraña necesidad de meterse en todo tipo de charcos. Tenemos un nuevo ejemplo en la que se acaba de hacer con el presidente de la patronal de la construcción, el incombustible Serafín Abilio Martínez, que ya estaba ahí en el Pleistoceno, cuando en Asturias se negociaban los presupuestos, obra a obra, por su control de la UCD primero, y del CDS después. Y sigue igual. Dice barbaridades impresionantes, nadie las aclara, y en eso basa su predicamento.

Abilio se acaba de atrever a criticar lo que llama el sistema de subasta en las obras públicas, reclamando la aplicación del concurso, conceptos desaparecidos de la normativa de contratos públicos. En realidad da igual que el concurso y la subasta hayan desaparecido. La cuestión sigue siendo la misma. Lo que viene a decir Abilio es que aquí no importa el precio de las obras, sino las condiciones subjetivas de los contratos que permiten firmar ad hoc con éste y con aquel, y que están detrás, en gran medida, de la marea de corrupción que destruye España y sus instituciones.

Nadie se atreve a tanto como Abilio. Y encima va a ver al alcalde de Oviedo para decirle que el Ayuntamiento no debe adjudicar las obras por su precio, como manda la Ley. Que hay que hacerlo como a él le da la gana. El Principado adjudicó con sus criterios -los de Abilio- la Autovía Minera. Abilio, que en Oviedo ha dejado un reguero de concursadas y el esqueleto del spa de Ciudad Naranco para universal ilustración de las dramáticas consecuencias de sus tejemanejes, aterriza ahora en la campaña electoral, formulando, además, en relación con estas cuestiones, terribles acusaciones contra el Gobierno de Asturias, con su estilo bronco y altisonante, que deberían tener repercusión judicial por su extraordinaria gravedad.

Dice Abilio que más del 60 por ciento de las adjudicaciones de obra en Asturias acaban en manos de empresas “de fuera”, basándose en esa distinción ya inexistente en la legislación española entre subasta y concurso. Según su extraña lógica, como ofrecen mejor precio, las obras se las quedan “los de fuera”. Achaca nuestro hombre a esa aplicación legal del precio como criterio para adjudicar, que las contratas “abusan de la subcontratación”, como si eso no fuese lo que hace todo el mundo, y se atreve a decir que las adjudicaciones basadas en el precio van contra “la seguridad en el trabajo”.

Otra perla abiliana es afirmar que el coste de la mano de obra que soportan las mercantiles asturianas del sector es mayor que el resto del país debido a que “tenemos profesionales de primera división” que se han formado en la Fundación Laboral de la Construcción, y que por eso necesitan precios más elevados, pues la entidad es financiada por las empresas, todas las empresas, como si las empresas de la construcción que trabajan en Asturias, con domicilio fiscal establecido fuera del Principado, no tuvieses que pagar ese “impuesto revolucionario” del que él tanto sabe.

Y aquí viene lo gordo. Dijo Abilio, poniendo de vuelta y media a Belén Fernández, en cita literal de La Nueva España:

Y es que Abilio descubrió que si las “obras están paradas” se debe a que las empresas están negociando con la administración regional “cambios” en los contratos para mejorar su margen de beneficios.

Si el Gobierno de Javier Fernández tiene las “obras paradas” porque están negociando “cambios” en los contratos para “mejorar el margen de beneficios”, como al parecer dice Abilio, ahí se advierten a vuelapluma tres delitos, como tres soles. A saber: maquinación para alterar el precio de las cosas, prevaricación y malversación de fondos públicos, tres enormidades de las que Abilio acaba de acusar al ejecutivo autónomico, así que ya puede el Gobierno de Asturias aclarar estas acusaciones de manera inmediata, con la dimisión de la consejera responsable, o acudir a los tribunales para poner en su sitio a este personaje.

Serafín Abilio ve la paja en el ojo de Vigón, Severino por más señas

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¡Quién dijo miedo! Hubo que cambiar sobre la marcha las reglas de juego de la organización de los constructores asturianos, para que Serafín Abilio pudiese seguir siendo su presidente. Al menos eso es lo que cuentan las agencias de prensa que aseguran que el presidente de CAC-Asprocon, Serafín Abilio Martínez, ha sido este reelegido este jueves, en asamblea extraordinaria, por el 91,19 por ciento de los votos de los presentes, “después de que se tuvieran que modificar los Estatutos para que pueda optar al cargo por la situación de sus empresas, en concurso de acreedores”.

Serafín, un magnífico y muy representativo ejemplar de lo que es la vida pública en esta indómita tierra de costumbres nunca suficientemente bien ponderadas, no ve el vigón en su ojo, sino la paja en el de Severino, pues añade el relato periodístico que “nada más ser ratificado en su cargo, ha invitado al presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), Severino García Vigón, a que reflexione sobre su propia situación”, refiriéndose, con estas rimas consonantes, a los problemas que tiene el presidente de los patronos asturianos, con sus propias empresas.

El mal de muchos no es, en este caso, consuelo de tontos, y a nadie puede sorprender lo sucedido, pues de todos es sabido que Abilio, aparte de hacer relojes de madera, consigue que funcionen, y si se empeña, además, les pone un pajarito que sale a dar la hora -otras cosas no da- y con cara de gilipollas, dice “cucú”